Ella caminó por la ruta hasta la estación, casi sin pensarlo, luego notó que el último tren ya se había ido, así que decidió caminar hasta la avenida con una sola determinación; tomar cualquier ómnibus que pase por allí. Al cabo de unos 40min, logró subirse a uno que la llevaría el dirección al centro de la ciudad, se sentó en uno de los asientos del fondo y descansó por unos largos instantes.
Mientras observaba los vidrios empañados y las gotas de lluvia escurriéndose por el exterior de la ventana, pensamientos retorcidos ahogaban su mente, a ella llegaban palabras como nunca, escapar, retorcer, dolor, jamas.
Al intentar ver a traves de la vista distorsionada de la ventana, reconoció el lugar el que había llegado, desde el ómnibus pudo divisar las Barrancas de Belgrano, creyó que bajarse en esa parada sería una buena idea, puesto que era el escenario en dónde habían estado personajes mágicos como Fernando Vidalny Martin del Castillo, como para ese entonces la lluvia a{un no se hab{ia detenido, ella estaba empapada de pies a cabeza, con lo cual tomó asiento en una parada cerca de la estación, desde allí observó durante un tiempo indeterminado la gran plaza de las Barrancas, pensó en sus amigos, en su mamá, en su papá... Sus hermanos... Qué dirían si notasen que ella ya no se encontraba en la seguridad de el hogar que ellos habían construído ? Tuvo miedo de la decepción que causaría en ellos, pero ya era tarde para volver...
No supo cuanto tiempo pasó realemente, pero de un momento a otro levantó la vista, y pudo distinguir la silueta de una persona sentada a su lado. Primero vió sus ojos, del color de los suyos, café, como almendrados pero un poco más redondos, luego pudo ver el resto de sus rasgos.